Pasan los años, crece el lirio acuático, aumentan los moscos, empeoran los malos olores y las comunidades cercanas siguen viviendo entre contaminación y abandono… hasta que el enojo social explota.

Fue necesario bloquear carreteras y afectar las obras del tren México–Querétaro para que ahora sí aparecieran anuncios de maquinaria, combustible y coordinación institucional para limpiar la presa.

Y sí, retirar el lirio es urgente. La plaga del mosco cúlex ya se volvió insoportable para muchas familias de Tepetitlán, Tula y otras comunidades ribereñas. El problema dejó de ser solamente ambiental; también es sanitario y social.

Pero también hay una preguntas incómodas: ¿por qué las acciones llegan siempre después de la presión y no antes del problema?

¿Por qué en Hidalgo parece que los problemas solo entran en agenda cuando colapsan una carretera o amenazan una obra?

Porque esto no empezó ayer. La contaminación en la Presa Endhó lleva años deteriorando la calidad de vida de miles de personas, mientras gobiernos van y vienen prometiendo atención “integral” que rara vez se traduce en soluciones permanentes.

Y mientras tanto, sí ha habido dinero para proyectos enormes, edificios nuevos y obras de lucimiento político.

Lo más frustrante es que ni siquiera faltan ideas. Desde hace tiempo investigadores y estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo han planteado alternativas para aprovechar el lirio acuático y convertir un problema ambiental en algo útil mediante composta, materiales y otros procesos sustentables.

El conocimiento existe.
Las advertencias también existían.
El hartazgo social, igual.

Lo que faltó fue voluntad para atender el problema antes de que la gente llegara al límite.

Porque nadie está pidiendo privilegios. La exigencia es mucho más básica: vivir sin plagas, sin malos olores y sin sentir que solo los recuerdan cuando bloquean una carretera.

Y eso, para cualquier gobierno, debería ser prioridad desde hace mucho tiempo.