A mes y medio de la vaguada monzónica que golpeó a 28 municipios de Hidalgo, el estado aún enfrenta un panorama incompleto y desigual: nueve personas continúan desaparecidas, decenas de comunidades siguen esperando atención total y varias zonas críticas mantienen daños que no han sido resueltos.

Pese a los reportes oficiales que apuntan a avances “superiores al 97%” en caminos y limpieza, en los hechos siete vías continúan cerradas, 30 puentes siguen en reparación y hay 33 localidades con afectaciones significativas donde las labores no han concluido. En total, los derrumbes y deslaves superaron los 800 eventos, afectando 359 caminos, de los cuales todavía hay tramos que no permiten el acceso normal.

Las cifras también evidencian que la emergencia no está ni cerca de cerrarse: 22 personas fallecieron y las nueve no localizadas mantienen la presión sobre los equipos de búsqueda, que trabajan contra el tiempo.

Aunque la Comisión Federal de Electricidad reportó restablecimiento total del servicio, en otros sectores el balance sigue mostrando rezagos. En salud, 336 personas tuvieron que ser trasladadas, 66 requirieron hospitalización y una unidad del IMSS Bienestar, junto con otra del IMSS Ordinario, registraron daños. La atención médica desplegada —más de 104 mil consultas, 882 mil medicamentos y 83 mil vacunas— refleja la dimensión de la crisis sanitaria que dejó el fenómeno.

En educación, 183 escuelas presentan daños; 32 de ellas con afectaciones graves. Aunque la mayoría del alumnado ya retomó clases, muchas comunidades dependen de modalidades temporales o a distancia ante la falta de espacios seguros.

En cuanto a la ayuda humanitaria, se han repartido 252 mil despensas mediante 906 vuelos y rutas terrestres, pero todavía 41 personas permanecen en refugios temporales, incapaces de regresar a sus viviendas.

Aun con miles de trabajadores movilizados y maquinaria operando, la realidad muestra que la recuperación está lejos de terminar. Las zonas más golpeadas siguen esperando soluciones estructurales, mientras las familias de las personas desaparecidas viven entre la incertidumbre y la exigencia de respuestas claras.